
Si bien es cierto, el MSN se ha convertido en el medio de comunicación más utilizado por los jóvenes en los últimos años, tiene algunos puntos en contra.
Cuando una persona se conecta a MSN, lo más probable es que sea para hacer un trabajo o pasar archivos, pero sobre todo para conversar y pasar el tiempo. En este último caso, lo más seguro es que se no sea solo con una persona, es decir, que no se tenga tan solo una conversación abierta, sino seis, siete o más.
Como sabemos, el MSN trae consigo, sea la versión que fuera, diversos sonidos que acompañan las conversaciones. El típico y conocido “tucutín” se hace presente cada vez que uno de los contactos manda un comentario. Con el avance de las versiones se ha creado la opción de que estos sonidos puedan cambiar por otros parecidos.
Sin embargo, la última versión del MSN tiene la opción de personalizar los sonidos de las conversaciones: una canción para cada contacto. De esta forma, suena una canción “x” al momento que alguien inicia la conversación. Las personas utilizan este recurso, más que nada, para que al no estar cerca a la computadora poder reconocer quien es el que está escribiendo.
Esta variedad de sonidos y opciones es innovador para los jóvenes que les gusta estar siempre actualizados con los temas tecnológicos. Sin embargo, para las personas que los rodean y no están tan involucrados en el medio, pueden volverse perturbadores.
Imaginemos por un momento cinco conversaciones abiertas de MSN, cada una tiene una canción personalizada distinta y cada uno manda un mensaje cada veinte segundos aproximadamente. Es decir, cien sonidos repitiéndose una y otra vez, en un lapso corto de tiempo. Es posible que la persona que está conversando no sienta la bulla, pues está sumergida en esta burbuja moderna de comunicación, pero las personas que están en la misma habitación o incluso dentro de la misma casa pueden empezar a perturbarse y hasta incluso desesperarse. Sobre todo las personas que no están “al día” con la modernidad del MSN.








